Todo por un vaso de agua, señor Presidente

martes, 20 de octubre de 2009

Por: Jaime Idrovo Urigüen


El 16 de septiembre pasado, el Dr. Darwin Muñoz Serrano, comisionado de la Defensoría del Pueblo del Azuay, tuvo a bien, en una entrevista para un diario de Cuenca, señalar la necesidad de que el Ejecutivo decline las actitudes de intolerancia que ha manifestado en las últimas semanas frente al paro de la Unión de Educadores del Ecuador, UNE y la Confederación de nacionalidades Indígenas, CONAIE. Para ello aconsejó respirar profundo y tomarse un vaso de agua, que no hacen daño, pero que serena y permite ver con calma los problemas que se originan por la falta de diálogo y entendimiento, que el mismo Sr. Presidente tanto ha promulgado.


Ahora bien, cualquiera se explica que por una bofetada, un insulto de grueso calibre u otros agravios mayores, el ofendido saque guante blanco y se arme un duelo con muertos y desgracias familiares que lamentar. Pero por un vaso de agua… ¡francamente resulta incomprensible!


Digamos antes que, con la persistencia y la decisión de un luchador por los derechos de los más necesitados y ofendidos, dentro de este sistema de explotación capitalista, el Dr. Muñoz hizo una clara distinción entre una madre, vendedora ambulante, sometida a las ofensas y abusos de los guardias municipales, y los intereses de los monopolios del transporte público, empeñados en continuar con sus prebendas. Igualmente, no le tembló la voz al denunciar a las sectas religiosas que invocan al llamado de dios para engañar y robar a los incautos, mientras que con valentía, denunció las violaciones a la Constitución vigente, en el capítulo “Ley de Aguas”, cuando se entregó a un grupo de poder económico, en el sector de Yunguilla, el usufructo del preciado líquido, incluso cuando 600 familias del sector carecen del agua que supuestamente ¡ya es de todos!


Es decir, simplemente actuó, incluso con amenazas por detrás, hasta que el día 13 de octubre, después de un año y cinco mese de funciones ejercidas, le llegó, por parte de un funcionario de la Defensoría del Pueblo, la clásica salida sin disyuntiva: ¡renuncie o le cancelamos!


El Dr. Darwin Muñoz renunció y, con ello, Cuenca y la provincia del Azuay perdió un profesional de incuestionable ética y trayectoria humanista. Dibujándose en este caso, dos causales para la separación del cargo, puesto que la primer y fundamental se teje entre los engranajes del poder económico y político de Cuenca y la región, que se ven amenazados cuando alguien cuestiona sus actos y hegemonía. En tanto que la segunda, no menos grave, pero que se expresa desde las sensibilidades del Gobierno y su máxima autoridad, sienten minada su imagen, atacando con las armas del poder a quienes ponen reparos a su prepotencia, en particular si se trata de personas vinculadas con el sector público.


Vale pues reflexionar sobre una vieja práctica del cristianismo que enseña a los demás, y en especial a los pobres, según consta en la doctrina del Nuevo Testamento, a mostrar la otra mejilla, cuando se ha recibido un golpe en la primera; mientras se aplica el “ojo por ojo” del Antiguo Testamento, cuando en primera persona, el que detenta el poder ha sido el agredido.


¿Será entonces que este gobierno juega según su conveniencia con los dos conceptos, que por cierto son de evidente una contradicción?


Ejemplos vivenciales de una doble moral que se traduce en el discurso y la práctica del gobierno nacional, cuando decanta los valores del buen vivir o Sumaq Causay, quien mucho habla del saber escuchar, más que oír por oír; actuar con equidad y no desde el ego; imponer justicia en el mejor sentido de apego al derecho de los demás y no en la visión de los intereses propios. Es decir, gobernar con sabiduría y no desde los designios de grupos, tal como ha sucedido en estos cinco últimos siglos de humillación y desprecio exacerbado hacia el ser humano de abajo.


Preocupa por lo mismo, el sentido de vendetta que impone el régimen a todo aquel que se asoma irreverente a las fronteras del miedo con las que protege su reino de autoritarismo y verdades incuestionables; peor aún si se traspasa esta línea y se planta la bandera de la duda, el cuestionamiento o la protesta. Entonces vienen los despidos, las intimidaciones, los juicios sumarios y otras medidas que ¡cuidado! pueden agravarse y entonces tendríamos que pensarle al gobierno y al Presidente en otros términos.


Entre tanto, el Dr. Muñoz deja una huella en todos aquellos que recibieron su mano amiga y solidaria. Esperemos que el nuevo comisionado siga la dirección. Aunque según sabemos, este importante cargo que marca la diferencia con los viejos tiempos en los que desde el Estado nadie protegía los intereses populares, tanto individuales como de grupo, ya parece que cayó en manos de los social cristianos. Cosas de la Revolución Ciudadana.

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